Si bien estos hallazgos plantean preguntas importantes, también subrayan un punto crítico: la resistencia al calor de los distintos plásticos es muy diferente, y su uso adecuado es esencial. El plástico PET es seguro para aplicaciones a temperatura ambiente, pero los consumidores deben comprender sus limitaciones y evitar un calentamiento inadecuado.
El informe, titulado "¿Estamos cocinados? Los riesgos ocultos para la salud de las comidas preparadas envasadas en plástico", analiza sistemáticamente la evidencia científica reciente. Muestra que los envases de plástico para alimentos, incluyendo las bandejas de comida preparada y los envases de comida para llevar, liberan sustancias químicas y microplásticos y nanoplásticos (MNP) en los alimentos durante su uso normal, y la migración aumenta significativamente al calentar el envase. Esto ocurre incluso en productos etiquetados como aptos para microondas u horno.
Los autores destacan la complejidad química de los envases de plástico. Además de las miles de sustancias añadidas intencionalmente que pueden migrar a los alimentos, existen potencialmente aún más sustancias añadidas no intencionalmente (SNIA), que a menudo no están identificadas y carecen de datos sanitarios. Incluso la mayoría de las sustancias conocidas carecen de información toxicológica sólida.
Más preocupante aún es la revelación del informe sobre el doble riesgo que representan los plásticos y los alimentos ultraprocesados (UPF): «Calentar UPFs envasados en plástico añade disruptores endocrinos, oligómeros y microplásticos migrantes a una comida ya de por sí carente de valor nutricional», afirma el informe. «Los UPFs y los plásticos, en conjunto, impulsan enfermedades crónicas, la dependencia de los combustibles fósiles y el daño planetario».
Si bien las conclusiones del informe plantean inquietudes válidas, a menudo se pasa por alto un punto clave: cada plástico tiene una composición química, un perfil de migración y un historial de seguridad diferentes. No pueden considerarse una sola categoría.
Entre los numerosos materiales plásticos, el tereftalato de polietileno (PET) destaca por sus singulares ventajas de seguridad. Este material, ampliamente utilizado en botellas de bebidas y envases de alimentos, cuenta con décadas de revisión regulatoria que avalan su perfil de seguridad:
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Propiedad
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Ventaja de las mascotas
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Estructura química
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No contiene bisfenoles (como BPA o BPS) en su estructura polimérica
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Aditivos
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No requiere plastificantes; el material tiene una flexibilidad inherente
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Estado regulatorio
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Aprobado para contacto con alimentos por la FDA, la EFSA y organismos reguladores globales.
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Perfil de migración
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Dentro del rango de temperatura de diseño, la migración general está muy por debajo del límite de la UE (10 mg/dm²)
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Reciclabilidad
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Infraestructura de reciclaje madura: componente clave de la economía circular
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Huella de carbono
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Menor consumo energético y de transporte en comparación con el vidrio o el aluminio
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Esta es la pregunta más frecuente de los consumidores, y un punto clave confirmado repetidamente por la investigación científica y las directrices regulatorias. El PET tiene límites claros para su uso adecuado:
- Agua mineral, agua purificada, botellas de refresco.
- Refrescos carbonatados, jugos, bebidas de té.
- Recipientes para aceite de cocina y condimentos
- Envases de alimentos a temperatura ambiente
- Refrigeración a corto plazo (por ejemplo, cajas de ensaladas, contenedores de frutas)
- Calentamiento por microondas de cualquier alimento o bebida.
- Llenado con agua hirviendo, sopa caliente o café caliente.
- Calentamiento repetido como vajilla resistente al calor.
- Exposición prolongada a altas temperaturas (por ejemplo, interiores de automóviles en verano)
El PET tiene una resistencia térmica de aproximadamente 70 °C, pudiendo deformarse por encima de esta temperatura. Su temperatura de transición vítrea oscila entre 67 y 80 °C, por encima de la cual la movilidad molecular aumenta significativamente.
La temperatura de uso recomendada para el PET es de temperatura ambiente a refrigerado (0–40 °C), donde el material muestra su rendimiento más estable. El uso en microondas está estrictamente prohibido, ya que el PET no cuenta con certificación de seguridad para microondas y el calentamiento puede comprometer tanto el material como la seguridad alimentaria.
La seguridad del PET ha sido reconocida constantemente por los principales organismos reguladores mundiales. La Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) ha aprobado el PET para aplicaciones en contacto con alimentos según la regulación 21 CFR 177.1630.
La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (AESA) ha confirmado la seguridad del PET como material en contacto con alimentos, con la designación FCM n.º 147. En China, la Comisión Nacional de Salud (NHC) incluye el PET en la norma GB 4806.7 como plástico aprobado para contacto con alimentos.
El Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar de Japón (MHLW), mediante la Notificación Nº 370, confirma la idoneidad del PET para aplicaciones de envasado de alimentos.
Es importante tener en cuenta que todas estas aprobaciones se basan en evaluaciones de seguridad de PET realizadas en condiciones normales de uso, que generalmente implican contacto con alimentos a temperatura ambiente o refrigerados.
Cada material plástico tiene propiedades distintas y aplicaciones ideales.
El PET es ideal para agua embotellada, bebidas y alimentos a temperatura ambiente. Su resistencia al calor es de aproximadamente 70 °C, lo que lo hace inadecuado para calentar en microondas o llenar en caliente. El PP ofrece una mayor resistencia al calor (hasta 120-130 °C), lo que lo hace ideal para recipientes para microondas y vasos para bebidas calientes. El HDPE (resistencia al calor de ~80 °C) se usa comúnmente para jarras de leche y productos de limpieza, pero no para aplicaciones de alta temperatura. El PS es adecuado para utensilios desechables y vasos fríos, con una resistencia al calor de alrededor de 70 °C, pero no para alimentos calientes ni microondas.
El informe de Greenpeace exige una regulación química más estricta basada en los riesgos intrínsecos y la promoción de alternativas reutilizables a los plásticos de un solo uso. Esto se alinea con el compromiso de la industria del PET con la seguridad y la transparencia de los materiales. Para las marcas centradas en la seguridad alimentaria, el PET sigue siendo una opción de confianza en aplicaciones adecuadas, como las bebidas a temperatura ambiente, con respaldo científico, validación regulatoria y una creciente circularidad. La conclusión clave: ningún material es inherentemente seguro o inseguro, solo se utiliza correctamente o incorrectamente. Comprender las propiedades y seguir las directrices es esencial para la seguridad alimentaria.